
Gran Torino, la última de las películas de Clint Eastwood (y por desgracia en todos los sentidos) se estrenó hace poco en los cines mundiales para júbilo de los seguidores del inmisericorde Harry el Sucio y del duro Clint del Sargento de Hierro sin olvidarnos del impasible pero paradójicamente sentimental Clint de “Los puentes de Madison”. Corrían ciertos rumores de que el último film de Eastwood iba a continuar de alguna forma encarnando al incombustible Harry el sucio pero rápidamente pudimos darnos cuenta de ciertamente, los tiros iban por otro lado.
Gran Torino es mas que nada un grandísimo homenaje a la filmografía de Clint Eastwood en la que podemos rememorar no solo las líneas argumentales, sino lo que quizá tenga mas valor (al menos para los mas nostálgicos) que son los protagonistas que nuestro polivalente actor ha encarnado. La película se basa en el clásico drama de viejo-amargado-solo-y-con-prejuicios junto a chico adolescente y como ambos se ven influidos el uno por el otro a pesar de las múltiples discrepancias pero con la diferencia de que esta vez el susodicho viejo no es otro que el fantasma de Ronco Billy. En este caso, si nos sumergimos un poco mas en el argumento Eastwood interpreta esta vez a Walt Kowalski, un veterano de la Guerra de Corea que debe reformar a su vecino, un adolescente inmigrante asiático, que para entrar en una banda de delincuentes ha intentado robar el objeto más preciado de Kowalski: su coche Gran Torino de 1.972.
Es curioso que si prestamos atención a la película, el coche es lo de menos puesto que salvo por la escena obvia del robo y alguna que otra escena, no vuelve a cobrar protagonismo hasta el final, dejando a Walt Kowalski como único y exclusivo protagonista alrededor del cual gira siempre toda la historia. Y es que Gran Torino es precisamente eso, una inmensa órbita alrededor de la figura de Clint y sus personajes (para los que los recordamos) en la que se entrecruzan el clásico humor de las películas pretéritas marcado en este caso por los comentarios racistas y conversaciones que parecen sacadas de alguna de Tarantino. Pero en realidad, el verdadero homenaje en forma de magistral rúbrica final es, valga la redundancia, el propio final. No sólo sigue siendo uno de los grandes finales de las películas de Eastwood sino que en el breve instante en el que todo llega a su cénit (y justo antes de ello) uno piensa en lo que habría hecho el personaje de Walt si hubiera sido Harry, el sargento de hierro o cualquiera de los héroes anteriores, cada uno con sus grandes frases, poses y reacciones finales. Sin entrar en detalles, solo puedo decir que el final de Gran Torino es toda una sorpresa y además, toda una reflexión sobre la violencia si tenemos en cuanta lo que esta película representa y alrededor de que gira todo el argumento.
Gran Torino no es una película excepcional de forma autónoma, sino que se conforma como el final de un camino, un final desde luego merecido y digno de alabanza y es bajo esta perspectiva cuando esta película funciona como una gran obra.
La escena: Indiscutiblemente, el final.
La frase: “Y tu vas y dejas que Fu-Man-Chu, Jakie Chan y Bruce lee se vayan con como-se-llame. Le gustas y no acabo de entender porqué, pato naqueado”
Calificación: 9